Estaba yo en la óptica esperando que una señora de unos 80 años terminara de comprarse unas gafas de esas de leer. Iba con su hija de 50 y tantos.
La señora se había probado muchas gafas porque la mesa andaba a rebosar. A pesar de que todas eran de 2,5 aumentos, ella se empeñaba en que con unas veía mejor que con las otras.
Al fin la dependienta, que por obligación estaba siendo súper amable, porque si no era para decirle, señora vayaustealamierdayahombre!, pues le dijo que pudiera ser por el color de la montura. Ya ves.
La cosa es que le dijo el precio, 32 euros y la señora va y le dice que le había dicho menos. Y la dependienta le responde que sería de otras, pero es que había elegido las más caras. Y la señora que si le había dicho 17 que tenía que cobrarle 17. Y así un rato. Hay que decir que la señora y posiblemente su hija fueran clientas habituales por la forma en que hablaban, nada bronco.
La dependienta, acorralada por la presión insistente, dijo que iba a preguntarle a su jefa que estaba en el taller si le podía rebajar algo. Y volvió diciendo que se podían quedar en 27, que menos imposible. Y va la señora y le dice que esa es la rebaja de su jefa y que ahora quiere la suya. La pobre dependienta ya no sabía cómo responder. La señora viendo que ya no podía rascar más por ahí va y le suelta que vale, pero que le tiene que regalar un cordón para el cuello.
Total que al final se lo ha tenido que regalar.
Y en realidad a la señora y a su hija se las veía gente de dinero. Esas cosas se notan en la ropa, los aderezos, el pelo, etc...
Y yo me pregunto, ¿cómo se puede ser tan miserable, que te gastas el dinero en mil cosas que no sirven para nada y le tienes que regatear 5 cochinos euros a una tienda que te están tratando con tanto esmero y dedicación?
Señoras miserables.
(En este caso era una señora, pero vale igual para un señor)
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